Me pregunto cual hubiera sido el curso de las cosas si La Noche de la Trapa hubiera contado con el eco que merecía; pero el libro, que llevaba el género del cuento en Colombia a una depuración histórica, se estrelló contra las limitaciones del medio. Era la época en que el Nadaísmo se revolcaba en su personalidad mediática y en que el jesuita Jose Félix Restrepo era el crítico literario más notable en Colombia. Faltó que el manuscrito lo leyeran en Argentina y Uruguay en donde creo que un Benedetti o un Cortázar hubieran saludado a un cuentista de casta de imaginación poderosa.
El libro de cuentos era más importante para la evolución de su autor que la misma Tejedora de Coronas. Los relatos eran provocadores y expresaban un cosmos muy personal de asuntos y motivos que se llevaban a un máximo de interpretación.
La incomprensión de los contemporáneos requiere de una madera especial. Germán Espinosa parecía haber escrito en 1958 para ser leido en 1998 y me temo que esto no fue fácil de aceptar. Quiso escribir una novela, pero Los cortejos del diablo era un nuevo cuento que conquistaba la categoría de “nouvelle”. También provocador, también incomprendido. Cuando el ser mejor que el medio te depara en lugar de satisfacciones una especie de castigo, la vocación es sometida a una tortuosa evolución ante la duda respecto a si un cambio de estrategia puedo lograr una mejor recepción del trabajo que se hace.
Pero Espinosa no renunció a su mundo y esperó cuatro décadas a que su país produjera los lectores que pudieran entenderlo. En ese camino se tornó más oscuro y caprichoso, como buscando merecer el papel que durante esos años vivió: el de un escritor raro, cuya rareza se acentuaba al lado de las especulaciones magico-realistas y neo-periodisticas que fueron avalancha en los años setentas y ochenta. Creo que se evadió por el camino de los caprichos del entendimiento, de los esperpentos, de las contorsiones barrocas y los abismos de la ironía. Además se refugió en las palabras, para convertirse en un amante de las acrobacias sintácticas y el léxico exótico y curioso.
La investigación tras su muerte debe orientarse a establecerlo como miembro del Parnaso del cuento en Latinoamérica, par de Borges y Bioy Casares, de Mújica Laínez y Horacio Quiroga
jueves, 14 de febrero de 2008
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1 comentario:
Muy buen comentario. Y encima, provoca mucho leer el libro. Yo no he pasado de Aitana, que me fascinó, y no sabía con cuál seguir (como que no tengo mucho tiempo y concentración ahora para meterme en La tejedora, y estaba dudando). Creo que La noche de la trapa será el próximo libro de Espinosa que voy a leer. Espero me guste tanto como Aitana.
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